PODER Y AUTORIDAD
Existe Una diferencia muy marcada entre lo que es poder y lo que es autoridad. Lamentablemente, las personas suelen confundirse al usar estos términos. Elementalmente, el poder es conferido, mientras que la autoridad es ganada. Cuantos jefes y líderes tienen poder conferido, pero, no han sabido ganarse la autoridad entre sus subalternos. Sin duda, la falta de autoridad es el peor fracaso. ¿De qué sirve tener poder si nadie obedece?
Su aplicación en el sistema celular también es una realidad. Las iglesias celulares más grandes del mundo entienden muy bien esto. Esa es la razón por la que para llegar a ser supervisor de células o pastor de zona se busca a las personas que hayan multiplicado más sus células.
Iglesia Elim, por ejemplo, elige entre los líderes más destacados para ascenderlos a otro cargo dentro del sistema celular que tienen. Pero, ¿Cuál es el objetivo de todo esto? La experiencia nos dice que una persona hace un mejor trabajo y es más fácilmente reconocido por los demás cuando se ha ganado la autoridad a base del ejemplo.
El supervisor debe ser el líder de la célula madre de dónde salieron las demás células. Aunque, no estoy diciendo que de manera absoluta así debe ser. Porque existen ocasiones en que por diversas circunstancias esa persona no puede ser el supervisor, o funge mejor como líder, por lo que no es conveniente hacer ese tipo de cambios.
Sin embargo, sí sería una locura poner gente no destacada y sin autoridad en posiciones de poder dentro del sistema celular. Estas personas deben ser hombres o mujeres que se hayan ganado nivel de autoridad entre la gente aún sin tener la posición.
Ganarse la autoridad es algo que lleva trabajo y tiempo. Perderla es muy sencillo, y en el momento que ésta se pierde quizá jamás se recupere. Para la gente tú puedes tener autoridad ganada, pero, no pienses que están ciegos por ti. Si haces algo incorrecto no correrán a seguirte, por lo menos los que estén en sus cinco sentidos.
Un supervisor celular pierde la autoridad cuando alberga pecados ocultos. La gente no querrá ni siquiera verte, pues, para ellos tú no serás nada más que un sinvergüenza. Otro aspecto por el que perderás tu credibilidad es el orgullo, pues, la gente está dispuesta a escuchar a alguien humilde. Al orgulloso hasta Dios lo ve de lejos.
Tal vés tu eres un buen supervisor, pero, aún así no sientes que te has ganado la autoridad de la gente de tus células. Lo único que puedes hacer es tener paciencia. La autoridad se gana a través del ejemplo, y éste surge con el pasar de los días, meses o quizá años. Pero, cuando al fin la ganes sólo tú mismo podrás botarla. Podrán levantarse miles de desacreditadores, pero, aún así sólo tú podrás perder la autoridad por tu propia cuenta, nadie más podrá arrebatártela.
Algunos supervisores escriben a esta columna electrónica diciendo cómo pueden hacer para ganarse el respeto de sus líderes, pues, tienen conflictos constantemente, y no saben cómo superarlos. La manera no es peleando, ni defendiéndose, sino a base del ejemplo. En lugar de querer correrlos gánelos con su ejemplo.
Cuando comenzaba como supervisor tuve dos jóvenes líderes que me hacían la vida imposible. Trataban de estorbar todo lo que hacía, y a la vez ellos no hacían nada. Otras personas se negaban a tener un supervisor muy joven. Hubo momentos en que eso se volvía desesperante. En esas circunstancias le escribí al pastor Mario Vega, quién me dijo en una respuesta breve, pero, concisa: “La autoridad se gana con el ejemplo, sea ejemplo de ellos y saldrá adelante.” Recuerdo muy bien esas palabras porque al fin entendí que en el sistema celular no había ninguna “varita mágica” para que las cosas funcionarán bien, todo lo que se lograba era a base de la persistencia y la búsqueda de Dios. Lo que él me dijo fue cierto. Al pasar de los días la marea alta bajo y todo estaba como que nunca había pasado nada. En pocos días mis líderes habían multiplicado sus células al 100%.
Así que, supervisores celulares, gánense la autoridad. Esa es la mejor manera de hacer las cosas. Entonces, no necesitarás imponer, gritar ni ofender a nadie. Simplemente, las harán porque saben que hablas con autoridad.
Exactamente así era como lo hacia nuestro Señor Jesús. < xml="true" ns="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" prefix="st1" namespace="">
Escribe a: henrypreza@gmail.com
Henry Preza